Durante años, una importante demanda ficticia se ha sumado en nuestro país a la demanda natural de vivienda.

Esta demanda ficticia no se ha basado en una necesidad demográfica sino en la inversión.

Con ello se ha distorsionado el mercado generando, entre otros efectos indeseables, un importante stock de difícil salida, ya sea por saturación del mismo, por falta de demanda o por tratarse, en el peor de los casos, de productos sin valor alguno de mercado.

Ante la brusca reducción de esta demanda ficticia sufrida por el mercado, la ubicación de la promoción deberá ser el parámetro básico de referencia para cualquier desarrollo inmobiliario ya que condiciona los dos elementos básicos para la viabilidad y el éxito comercial: las características de las viviendas (tipologías, distribuciones, precios,..) y la demanda real de las mismas.

El sector deberá evolucionar en el estudio de la demanda local, de la realidad social y demográfica y de la relación de los ciudadanos con la vivienda con un objetivo muy claro: desarrollar viviendas únicamente en aquellas ubicaciones donde la demanda las exija.

Existen bolsas de demanda insatisfechas y suelos en los que se podrían desarrollar proyectos comercialmente exitosos dando solución a necesidades reales y reactivando el sector de manera sostenible.

Para ello será imprescindible que todos los agentes implicados, y muy especialmente la banca, pongan en valor la importancia de la investigación de mercado y de la identificación de los nichos de mercado como máxima garantía de la viabilidad de los proyectos inmobiliarios.

En este paradigma, modelos como las comunidades de propietarios basados en la demanda como premisa para el desarrollo de las promociones contribuirán a un futuro más lógico, racional y sostenible del sector aportando el máximo valor posible a la sociedad.

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